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No habían sospechosos ni testigos. Una verdadera pesadilla para cualquier investigador involucrado en este tipo de casos. Pero solo cuatro días después del descubrimiento de la sexta víctima, un hecho aparentemente aislado terminaría por darle a la policía una valiosa pista que terminaría por vincular a un sujeto con los asesinatos que tenían en vilo a la comunidad.

Una chica de 14 años, llamada Lisa McVey, acudió a la policía declarando que había sido secuestrada por un hombre que la encañonó con un revólver mientras volvía a casa en su bicicleta. Era de noche, no habían testigos. El sujeto la introdujo a un vehículo, la maniató y le vendó los ojos. La muchacha logró ver algunos detalles del interior del automóvil, por debajo la venda, que resultarían cruciales para la investigación.

Posteriormente, el hombre llevó a la chica al interior de un departamento, en donde la desvistió y procedió a violarla, sin quitarle la venda de los ojos. La introdujo en una bañera y le lavó cuidadosamente el cabello. Cogía sus manos y dejaba que la chica le tocara el rostro, como si fueran caricias. Este detalle permitió a Lisa McVey describir la apariencia de su secuestrador a los agentes de policía.

En cierto momento, el hombre le preguntó a la joven: Habían conversado durante varias horas, ambos habían hablado bastante, y el asaltante ya no parecía tan agresivo, por lo que Lisa trató de convencer al hombre de que fueran novios. Ella le ofreció quedarse a vivir en aquel departamento si él así lo deseaba. Le dijo, también, que no parecía un mal tipo, y que lamentaba mucho si alguien lo había herido en el pasado.

Al parecer, el sujeto se sorprendió ante las palabras de la astuta niña. Le dijo que no podía quedarse allí y le prometió que irían en su vehículo y que la dejaría cerca de su casa… y así fue. Posteriormente, la chica acudió a la policía para narrar su historia. Solo tres días después de este incidente, el cuerpo de otra prostituta, llamada Virginia Johnson, le indicó a la policía que el asesino había vuelto a atacar.

Era la séptima víctima y aun no había ninguna pista que llevara a los investigadores a pensar que aquello acabaría pronto. El oficial de Policía, Gary Terry, se encontraba impactado ante los sucesivos crímenes. Simplemente los abandonaba para que fuesen encontrados, y procuraba dejarlos en posiciones denigrantes y grotescas. El 12 de noviembre, Terry recibiría una nueva llamada… el asesino había vuelto a las andadas. Kimberly Swann era una prostituta que trabajaba en el mismo bar donde lo hacía Lana Long, la primera víctima.

Solo con ver la posición del cuerpo, Terry supo que se trataba del mismo homicida. Era la octava prostituta asesinada en Tampa. La evidencia comenzaba a acumularse; pero no se llegaba a ninguna conclusión satisfactoria. Por lo visto, pertenecían a una alfombra de ese color, y por la cual pasaron todas las víctimas. La primera pregunta que comenzó a acosar a los investigadores, fue: Sin perder tiempo, los agentes interrogaron a Lisa, y ésta recordaba bien el vehículo y todas sus características, a pesar de que iba vendada.

Describió a su captor gracias al tacto, e incluso recordaba parte del recorrido en auto, y guió a los policías hasta unos departamentos en donde, en teoría, podría haber permanecido esas 26 horas de terror.

Realmente era una chica muy, muy lista. Gracias a ella, los policías tenían la primera pista sólida de la identidad del sospechoso, y no solo eso. Lisa McVey había visto en detalle el vehículo de su captor, justo por debajo de la venda que tenía sobre los ojos. Con esta importante información, la policía revisó los registros de todos los Dodge Magnum rojos que estaban circulando en el estado, y finalmente dieron con uno.

Dos policías detuvieron a su conductor y éste se mostró muy cooperador, permitiendo incluso que los oficiales tomaran fotografías del interior del vehículo. Con las fotografías de varios sospechosos, incluyendo la del conductor del Dodge Magnum, los detectives se reunieron con Lisa McVey. Su nombre era Robert Joe Long, de 31 años. Los policías organizaron un equipo de vigilancia para seguir cada uno de los pasos del sospechoso.

Lo siguieron hasta un cine, en donde cuatro agentes lo vigilaban dentro de la sala, mientras veía una película. Al mismo tiempo, otros oficiales se acercaban cautelosamente al Dodge Magnum estacionado. Bobby Joe Long se entregó sin oponer resistencia. Definitivamente la policía había dado con un monstruo… un asesino serial de tomo y lomo.

Su madre, Louella Long, se mudó en con el pequeño Bobby Joe, de dos años de edad, a Florida, en busca de una nueva vida. Sin embargo, las cosas no saldrían nada bien apara ambos en los años venideros.

Por fortuna no lo perdió. Este tipo de accidentes pueden causar tremendos e irremediables daños cerebrales, los cuales parecían sucederse uno tras otro en el caso del pequeño Bobby. En la escuela, ya había mostrado un alto grado de déficit atencional, lo que comenzó a incrementarse tras estos accidentes.

Como si fuese poco, una malformación en su mentón lo mantuvo en un complejo tratamiento de frenos dentales… y los problemas para Bobby recién estaban comenzando. Louella Long, buscó trabajo como mesera; pero el dinero no alcanzaba. Bobby Joe se enfurecía cuando su madre iba a trabajar a aquel lugar. Louella era una mujer sumamente atractiva, y los hombres la cortejaban en todo momento.

El mayor problema ocurrió cuando Louella comenzó a llevar distintos hombres a su hogar, a vista y paciencia del pequeño Bobby. Durante varios años, Bobby y su madre habían dormido en la misma habitación. Al acercarse a la pubertad, Bobby Joe comenzó a sentir cierta atracción por su madre. El muchacho tenía rabia y vergüenza porque se excitaba, debido a que se encontraba en pleno despertar sexual, mientras ella se paseaba por la casa semidesnuda.

Existe un momento, en la pubertad de un niño, en el cual se comienzan a desarrollar sexualmente. Es un período complejo, en el cual experimentan sensaciones nuevas y desconocidas. Reaccionan involuntariamente ante el cuerpo de una mujer, y muchas veces suele ser incómodo.

Peor aun si esto ocurre con su propia progenitora. A pesar de todo, Louella siempre trató de ser una buena madre. Todo lo que ocurría en casa, con Bobby, lo atribuía a celos infantiles por parte de su hijo. Sin embargo, Bobby Joe recordaría por siempre una ocasión en la cual ambos se fueron de vacaciones a la playa, y él casi se ahoga.

Tuvieron que rescatarlo, y su madre no se había percatado porque se encontraba coqueteando con un hombre, en vez de estarlo vigilando. Todo aquello fue generando una ira incontenible en aquel chico. Es a la edad de 11 años cuando un nuevo golpe remeció la autoestima del niño. Bobby Joe Long comenzó a desarrollar senos. Sus compañeros de escuela comenzaron a molestarlo de forma permanente.

Pronto, tuvo que acudir al médico, en donde se descubrió que Bobby había nacido con un cromosoma X extra Síndrome de Klinefelter , lo que producía que su cuerpo se manifestara de forma femenina. Evidentemente, resultaba bastante vergonzoso para él.

Pero a pesar de aquella rara condición, Bobby había conseguido una novia antes de someterse a las cirugías. Sin tomar en cuenta este detalle, Bobby lucía como un chico normal. Su novia de aquel entonces lo definió como un muchacho divertido y agradable.

Era malo en los deportes, no le gustaba perder. Nunca quería perder una discusión, y podía tornarse violento en cualquier minuto. Podía trenzarse a golpes con cualquiera, sin mostrar nerviosismo ni miedo. Todo parecía darle lo mismo. Entre la maleza, ordenó a Aixa que se desnudara con la idea de violarla, algo que no pudo consumar por la desproporción de los órganos sexuales. Le hizo tocamientos y le obligó a que le practicase una felación.

Yo no quería matarla pero una fuerza irresistible me llevó a lanzarme sobre ella y apretarle el cuello con las manos. El fiscal, Arturo Gómez Pardo, lo acusó de ocho delitos y pidió una condena de años.

Las acusaciones particulares, ejercidas por los padres de las dos niñas, elevaron su petición hasta años. Todo el mundo tiene derecho a ser defendido y asumí el encargo con toda la profesionalidad que pude. El día del juicio, pedí protección al presidente de la Audiencia porque había recibido llamadas anónimas diciendo que a los que defendían a los asesinos de niñas, había que cortarles el cuello.

A Eduardo Torres lo felicitó el fiscal y el propio Colegio -del que era decano Luis Angulo Rodríguez- y todo pese a que por culpa de su propio cliente no pudo plantear la estrategia de defensa que hubiese deseado.

El asesino asumió los hechos, se disculpó con las víctimas y aseguró que no necesitaba el perdón de los hombres porque quien debía perdonarlo era Dios y ya lo había hecho. En aquel juicio, seguido con inusitada expectación, no declaró finalmente Susana, la chica de 14 años que fue víctima del segundo ataque y cuyo testimonio permitió detener al asesino.

Tanto el fiscal como las defensas renunciaron a su comparecencia para ahorrarle ese mal trago, sustituyéndose la declaración en la vista oral por la lectura de las que ya había hecho ante la Policía. La agresión a Susana, estudiante del colegio Regina Mundi, repitió punto por punto lo sucedido con Aixa y sólo la suerte o el destino quisieron que saliera con vida del bosque de la Alhambra.

Tras pasarle la navaja por los senos, intentó penetrarla sexualmente pero no pudo, sin que se pudiese precisar el motivo, bien por falta de erección o desproporción de los órganos sexuales entre agresor y víctima. Después de su desaparación tras matar a cinco prostitutas en Lisboa entre y , el psicópata parece haber regresado. Los investigadores han seguido sus pasos y, gracias a la colaboración de Interpol, han sido. Estos nuevos asesinatos hacen sospechar a los investigadores de varios países que el destripador pueda ser un camionero que viaja por Europa.

Las autoridades policiales portuguesas se encuentran también a la espera de una respuesta oficial española sobre posibles casos detectados en España, dado que el asesino desapareció de la escena portuguesa en y parece que puede haberse desplazado por algunos países europeos. El sorpredente caso ha llegado a suscitar la curiosidad y la colaboración de especialistas del FBI norteamericano, que se desplazaron expresamente a Lisboa para analizar el perfil del psicópata que aterrorizó a la capital portuguesa.

David Gomes, uno de los expertos norteamericanos, no ha ocultado su desconcierto por el misterioso psicópata y ha revelado que en Estados Unidos no recuerdan un caso. Pese a su experiencia en asesinos en serie, Gomes no recuerda un caso parecido después de haber analizado cerca de 8.

En , Bobby Joe Long busca encausar [encauzar] su vida y decide unirse al ejército de los Estados Unidos. Destacó permanentemente durante su estancia en el ejército y recibió varias condecoraciones. Al parecer, todo aquello le había venido bastante bien. El 25 de enero de , Bobby y Cindy contraen matrimonio, concretando así un largo y bello noviazgo.

Pero el 14 de marzo de ese mismo año, Bobby Joe Long sufriría un grave accidente en motocicleta. Un hombre mayor no lo vio venir, y lo embistió con su vehículo, haciéndolo volar casi 30 metros antes de aterrizar con la cabeza. Después de aquel grave accidente, Bobby Joe Long no volvió a ser el mismo. Su apetito sexual se volvió incontrolable. Una vez que se recuperó de sus heridas volvió a casa, y Cindy fue la primera víctima de la nueva personalidad de su marido.

Exigía sexo varias veces al día y la maltrataba a diario. Con los años, las palizas comenzaron a intensificarse, hasta que Cindy terminó hospitalizada. La pareja ya tenía dos hijos. De cierta forma aquello había frenado a Cindy para tomar la decisión de divorciarse; pero luego de volver del hospital, cogió una escopeta y apuntó a la cabeza de Bobby mientras este dormía en la habitación matrimonial.

La alarma sonó y Long despertó. Aquello fue el fin de una relación que había comenzado años antes, como un inocente amor adolescente. Cindy terminó por solicitar el divorcio, el cual se le concedió en Pero Long había comenzado su carrera criminal una década antes. Solía revisar los anuncios clasificados. Principalmente aquellos en donde el contacto era una mujer que pretendía vender muebles de dormitorio. Se presentaba en el hogar de la vendedora como un interesado, y si esta se encontraba acompañada, observaba el mueble y se excusaba diciendo que no era lo que estaba buscando, para luego retirarse.

Pero si la mujer estaba sola, aprovechaba para introducirse en la casa, someterla, violarla y huir. Aseguraba que le resultaba imposible detenerse. Que sus deseos sexuales lo atormentaban, y que solo violando y asesinando lograba calmarse por una o dos semanas… a veces un mes. Por otro lado, la frialdad de sus declaraciones denotaba una personalidad psicópata y narcisista. Long era un sujeto extremadamente temerario y frío, incapaz de sentir compasión. Odiaba profundamente a las mujeres y, por sobre todo, a las prostitutas.

Odiaba a las mujeres, sí; pero todas sus víctimas habían sido prostitutas. Aquellas mujeres que negociaban con su cuerpo, que vestían ligeras de ropa y que se arriesgaban en las calles de Tampa Bay. Lisa, por el contrario, podía representar para Long, la inocencia que le hubiese gustado ver en su propia madre, cuando llevaba a distintos hombres a su casa cuando él era pequeño.

Durante el juicio, Long se confesó culpable de cada uno de los crímenes. Parecía que quería colaborar. Su relato carecía de emoción, y contrastaba con la dulce voz con la que iba describiendo los asesinatos. Sin embargo, en un momento se mostró enfadado. No quiero decir que merecían morir, pero tampoco eran unas santas. No soy un asesino, no como los otros tipos que hay aquí, en el corredor de la muerte. Pero eso no cuenta para la corte o para el gobernador. Aunque este caso pudo resolverse, las preguntas salen a flote casi de forma inmediata: En un par de entrevistas, Long asegura que se trataba de un deseo incontrolable.

Lisa McVay, la chica que fue secuestrada y violada por Long cuando solo tenía 14 años, en , hoy trabaja como agente de policía de Florida. Aquel episodio la inspiraría para tratar [de] ayudar a la comunidad y evitar que hechos como los que ella misma vivió se repitan.

Algunos especialistas de la conducta consideran a los asesinos seriales como los hombres lobo de nuestro tiempo. A Bobby Joe Long fue necesario operarlo para detener su transformación, aunque su temperamento siempre sufrió cambios durante la luna llena. Aquella noche de noviembre de fue diferente para Bobby Joe Long.

Llevaba siete meses de actividad febril, en la que había cometido ocho asesinatos. Se sentía mal consigo mismo, pero ya no podía parar. Al contrario, las cosas estaban empeorando. Una vez que estaban a su lado, las conducía a caminos rurales poco transitados, las sometía, violaba y estrangulaba antes de abandonar los cuerpos al lado de las carreteras.

Cortejaba chicas, trabajaba en lo que fuera y obtuvo un diploma como técnico en rayos X. Al abandonar la inconsciencia, Long ya no fue el mismo. El ruido lo sacaba de sus casillas. A su esposa, Cindy Jean Guthrie, le exigía sexo hasta en cuatro ocasiones por día, lo que no le impedía masturbarse en los intervalos. Tenía, asimismo, fantasías sexuales con las amigas y hermanas de su cónyuge, y su mayor deseo era participar en orgías en las que las mujeres fueran humilladas.

De acuerdo con sus propias declaraciones, Long dormía profundamente durante varias horas y, al despertar, no sabía si sólo había soñado el asesinato de una mujer o si éste había ocurrido en la realidad. Tenía que ir por el periódico y enterarse, sin emoción de por medio, de los misterios que rodean a las mujeres que trabajan en las calles y bares de Tampa, del dolor que dejan en sus familias las personas asesinadas, de la fuerza especial que recién se había creado para intentar atrapar al hombre lobo que atacaba, invariablemente, cada mes, cada nuevo ciclo de luna llena.

Ngeon Thi, desnudista de un bar de la avenida Nort Nebraska, fue la primera víctima mortal de Long. Por el resto de las mujeres, Long sentía compasión. Por ejemplo, por las amas de casa que se anunciaban en los periódicos de Fort Lauderdale y Ocala, por las que a Long le valió el mote de El Violador de los Anuncios Clasificados. En descargo del asesino hay que apuntar que en muchas de sus citas sólo platicó amenamente con las jefas de hogar. Pero aquella noche de noviembre de era diferente….

Pasaba la medianoche, cuando Bobby Joe Long vio a una joven en bicicleta. Long se escondió entre unos arbustos. La joven no era agresiva. Pertenecía a una familia pobre y su padrastro carecía de empleo, pues estaba confinado a una silla de ruedas. Le contó a Long que la habían violado de niña. Long estaba frente a una joven que no era prostituta, que no manipulaba a los hombres, que no merecía morir. Condujo varias horas en compañía de la chica quien, no obstante que traía los ojos vendados, pudo ver varios elementos que a la postre servirían para aprehender al asesino.

Pese a todas sus consideraciones, Long violó a su víctima, pero no como lo había hecho antes. Después condujo de vuelta al lugar en el que la había secuestrado y la dejó en libertad. Bobby Joe Long sabía que sus días como asesino estaban contados, que la chica acudiría a la policía y contaría todo lo que vio. Dos días después, Long conducía por las afueras de Tampa del Norte cuando observó que un auto hacía eses. La unidad era manejada por una mujer en estado de ebriedad.

Long se emparejó a ella y la convenció para que continuaran la fiesta juntos, en un solo carro, en el de él. Al bajar del auto, Long vio que su invitada era una dama enorme que resultaría difícil de maniatar.

De inmediato, la mujer le desagradó. En el momento en que la acompañante estuvo a su lado, Long la atacó. Ella empezó a gritar y a defenderse. A intervalos, la mujer se callaba, pero al parecer sólo para tomar fuerza y volver a gritar, esta vez con mayor energía. Él contactó al agente especial del FBI , Roy Hazelwood a quien solicitó ayuda para que este elaborara un perfil criminal, basado en los tres cuerpos recobrados.

Hazelwood perfiló al asesino como un experimentado cazador con baja autoestima, con un historial de rechazo por parte de las mujeres el cual se sentiría una fuerte necesidad a conservar objetos de sus víctimas a manera de souvenir, como por ejemplo piezas de joyería. También sugirió que el agresor podría ser tartamudo. Usando este perfil, Flothe investigó posibles sospechosos hasta encontrar a Hansen, quien encajaba con el perfil y tenía una avioneta.

Apoyado por el testimonio de Paulson y el perfil de Hazelwood, Flothe y el departamento de policía de Anchorage obtuvieron una orden judicial para registrar la avioneta, el automóvil y la casa de Hansen. Cuando fue confrontado con la evidencia encontrada en su casa, Hansen la negó por tanto tiempo como pudo pero eventualmente comenzó a culpar a las mujeres intentando justificarse. Finalmente terminó confesando y admitiendo con cada artículo de la evidencia una ola de crímenes contra mujeres de Alaska que empezó en Las primeras víctimas de Hansen fueron jóvenes de entre 16 y 19 años y no las posteriores prostitutas y estrippers que permitieron descubrirlo.

Una vez arrestado, Hansen fue acusado por asalto, secuestro, varias faltas relacionadas con armas de fuego, robo y fraude. Solo después de un estudio de balística forense que arrojó concordancia entre las balas de las escenas de los crímenes y las del rifle de Hansen, este tuvo que acceder a un trato en el que aceptó a declararse culpable de cuatro homicidios de los cuales la policía ya poseía evidencia y proveer de información sobre sus otras víctimas a cambio de purgar su sentencia en una prisión federal sin publicidad de la prensa.

Otra condición impuesta en el trato era que ayudaría a descifrar las marcas en su mapa de aviación y a localizar los cuerpos de sus víctimas. Hansen indicó que empezó a asesinar al inicio de los años setenta.

Hansen mostró a los investigadores 17 sepulturas, en el centro-sur de Alaska y sus alrededores, doce de ellas que eran desconocidas por los investigadores. Hubo marcas en el mapa de las cuales él rehusó aceptar o dar información, incluyendo tres ubicadas en Bahía Resurrección , cerca de Seward ; las autoridades sospechan que dos de estas marcas corresponden a las tumbas de Mary Thill y Megan Emrick a quienes Hansen negó haber asesinado.

Hansen fue sentenciado a años en prisión, sin posibilidad de libertad condicional. Fue primeramente encarcelado en la penitenciaría Lewisburg de los Estados Unidos ubicada en Lewisburg, Pensilvania. En regresó a Alaska para ser encarcelado por poco tiempo en el Centro correccional de Lemon Creek, cerca de Juneau , Alaska. Aficionado a frecuentar burdeles, había trabado relación con una prostituta, relación que terminó mal y con la acusación despechada de la mujer de que con su pene sólo podría satisfacer a una niña.

Tras intentar ahogar a Susana con sus propias bragas y creyéndola muerta, la abandonó. A las dos de la madrugada, Susana recobró el conocimiento y, semidesnuda, llegó hasta los taxistas de Plaza Nueva, que la trasladaron al hospital. Su precisión al describir a su agresor y la pericia de los especialistas que elaboraron el retrato robot facilitó la detención.

Policías disfrazados de jardineros y electricistas poblaron los jardines de la Alhambra confiados en la ley no escrita de que el asesino siempre regresa al lugar del crimen. Un agente lo reconoció y se lanzó sin dudarlo sobre él.

Igual que ayer veinticinco años después. El escritor ubetense Antonio Muñoz Molina vivía por entonces en Granada y la desgraciada peripecia de Aixa le conmovió especialmente. Apps para tablet y smartphone Para tener una mejor experiencia interactiva. Club Un mundo de ventajas y descuentos.

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asesino de prostitutas localizador de prostitutas La joven no era agresiva. El ruido lo sacaba de sus casillas. El 24 de septiembre de se declaró culpable de todos los cargos ante el juez, y fue condenado en total a 26 cadenas perpetuas sin posibilidad de libertad condicional y otras 7 con un cumplimiento mínimo de 25 años. Una vez que entraba en él la víctima, se dirigían hasta su apartamento, donde la chica era atada, torturada, violada y luego asesinada. Si bien Bobby era un chico travieso, al cual le encantaba jugarle bromas a la gente, era alguien muy atento y cariñoso con su chica. Una vez comentó en el hostal Xavi que tenía un prostitutas lactantes mujeres gurras policía que le estaba ayudando a tramitar sus papeles de extranjería.

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