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Prostitutas siglo xvii disfraces de prostitutas

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Y han crucificado a los intelectuales franceses alzados en armas contra la ley que penaliza a los clientes de la prostitución. El Gobierno chino no se anda con chiquitas: Abordemos el tema de la prostitución con algo de perspectiva histórica. Incluso una sociedad tan religiosa como la medieval, donde la salvación era el objetivo supremo, toleró el comercio sexual para evitar males mayores como el adulterio y la violación. En España, durante la Edad Media y la edad moderna, se esgrimieron argumentos políticos, teológicos y económicos en favor y en contra de legalizar las mancebías.

Les exigían estar solteras, tener buena salud y someterse a periódicas inspecciones sanitarias y de higiene corporal. Eran atendidas por un médico y un sacerdote. A pesar de su sujeción, la mayoría de estas mujeres prefería los prostíbulos a ejercer la prostitución por libre. Las que decidían abandonar ese tipo de vida eran trasladadas a una casa de penitencia, donde permanecían recluidas en clausura a la espera de entrar en un convento o lograr la dote necesaria para contraer matrimonio.

Los beneficios de los padres de la mancebía debían ser cuantiosos pues, al decir de Colosía, algunos caballeros de alto rango participaban en el negocio. En el Archivo de Trujillo he podido consultar contratos de tales arrendamientos. En el siglo XVI, con la contrarreforma, la tolerancia se esfumó y se ordenó cerrar los prostíbulos. Pero fueron los ilustrados radicales del siglo XVIII los que impulsaron una revolución erótica que podría compararse a la liberación sexual de los años sesenta del siglo pasado.

Y es que, como tenía claro Moratín, la prostitución era un mal menor en una sociedad necesitada de expansiones. O eran putas las profesionales, o lo serían todas las mujeres: Se quejaba una copla popular: Lord Byron quedó prendado de una puta gaditana, de nombre Inés, como la monja de don Juan.

Inés era una mujer risueña, y su modo de bromear con la tristeza del inglés cuando se despide de ella es el inicio del poema que el lord le dedica: Otro personaje de postín, Luis II de Baviera, quedó absolutamente encoñado con una tal Lola Montes, parece ser que gracias a las prodigiosas habilidades amatorias de esta cazadora a lo filipino del siglo XIX, también ella experta en capturar talentos adinerados.

Teófilo Gautier era un gran admirador de la puta hispana, al igual que Prosper Merimé, quien escribió Carmen y otras narraciones gracias a sus conocimientos de campo del modus operandi de la putas andaluzas, quienes le dejaron profunda huella. Y Alejandro Dumas, gran pecador también, llamaba princesas a las putas andaluzas. En noviembre de se decretaba la reorganización del Patronato de Protección a la Mujer y la creación de establecimientos para regeneración de extraviadas, que venían a sumarse a los centros religiosos ya existentes, los cuales todos habían cobrado nuevo vigor con el franquismo.

Es de pensar que todas las asociaciones estatales y religiosas para encarrilar a las jóvenes perdidas tuvieron mucho trabajo tras la guerra, ya que, como decía don Julio Caro Baroja, la estadística objetiva es la mejor arma para discutir contra argumentos demasiado sentimentales.

Y las estadísticas eran duras. Sólo en cuanto a locales, había 1. Una de cada 25 mujeres era puta.

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Eran atendidas por un médico y un sacerdote. A pesar de su sujeción, la mayoría de estas mujeres prefería los prostíbulos a ejercer la prostitución por libre. Las que decidían abandonar ese tipo de vida eran trasladadas a una casa de penitencia, donde permanecían recluidas en clausura a la espera de entrar en un convento o lograr la dote necesaria para contraer matrimonio.

Los beneficios de los padres de la mancebía debían ser cuantiosos pues, al decir de Colosía, algunos caballeros de alto rango participaban en el negocio. En el Archivo de Trujillo he podido consultar contratos de tales arrendamientos. En el siglo XVI, con la contrarreforma, la tolerancia se esfumó y se ordenó cerrar los prostíbulos. Pero fueron los ilustrados radicales del siglo XVIII los que impulsaron una revolución erótica que podría compararse a la liberación sexual de los años sesenta del siglo pasado.

En los salones de la alta sociedad parisiense, donde el matrimonio era un asunto de conveniencia y se desplegaban los rituales de galantería y seducción que reflejan Las amistades peligrosas, el sexo se libera de ataduras. Una nueva cultura del deseo y del erotismo acabó con la estigmatización del acto sexual, ridiculizó la castidad por antinatural, reclamó el divorcio y acogió la homosexualidad y las relaciones sexuales fuera del matrimonio. Pero el siglo XIX cortó de raíz toda esa voluptuosidad.

Solo en aras de la necesaria misión de traer hijos al mundo aceptaba con resignación la mujer de los círculos conservadores el uso de su cuerpo. El rigor de la ética victoriana condujo al incremento de la prostitución, el infanticidio y la doble moral.

Una gran parte de ese porcentaje eran mujeres que habían visto frustrados sus sueños de casarse y de tener hijos; pero otra parte eran hombres que recurrían a prostitutas, a relaciones con menores y al incesto. También ahora pueden ir a la universidad y se cree que son totalmente libres de elegir un novio o amante.

Sin embargo, tales afirmaciones siguen discutidas por otros que afirman lo opuesto. Fue tradicional para las geisha tener un danna , o amante. Un danna era generalmente un hombre adinerado, algunas veces casado, que tenía recursos para financiar los costos del entrenamiento tradicional de la geisha y otros gastos considerables.

Los valores y convenios ligados a este tipo de relaciones no son bien comprendidas, incluso entre los japoneses. Se especula sobre la venta de la virginidad de las geishas y de su cuerpo a un solo cliente hasta que el danna se cansara y entonces se buscaría otro.

La publicación de la novela Memorias de una geisha generó gran polémica sobre este tema, porque aumenta el debate sobre si las geishas venden o vendían su virginidad.

Al contrario de como se suele afirmar, la geisha no atiende solamente hombres. Desde sus inicios también tenía clientas con las cuales forjaba relaciones tal como con un cliente masculino. Incluso, muchas veces se celebraban cumpleaños infantiles o adultos con geishas como compañía. La apariencia de una geisha cambia a lo largo de su carrera, desde la femenina y maquillada maiko , hasta la apariencia madura de una geisha mayor y consolidada.

La aplicación del maquillaje es difícil de perfeccionar y es un proceso bastante largo. El maquillaje es aplicado antes de vestirse para evitar ensuciar el kimono. Primero, una sustancia de aceite o cera, llamada bintsuke-abura , se aplica a la piel. La "W" es usada con el kimono formal negro. Luego que la base es aplicada, una esponja es pasada por la cara, cuello, pecho y nuca para absorber el exceso de humedad y lograr uniformidad en la base.

Luego los ojos y cejas son remarcadas. Tradicionalmente se usaba carboncillo, pero hoy en día se utilizan cosméticos modernos. Los labios son pintados con una brocha pequeña simulando un contorno de labios sensual, acorazonado por arriba y muy redondo, teniendo pequeñas variaciones de distrito a distrito. El color viene en un palo pequeño que es mezclado con agua. Durante los primeros tres años, una maiko usa su maquillaje casi constantemente. El día de su mishidashi, o debut como maiko, se contrata una maquilladora profesional; antiguamente la maquillaba la dueña de la okiya o la onee san a la vista de todas las habitantes de la okiya.

Durante su iniciación la maiko es ayudada por su onee-san o la "okaa-san" madre de su casa de geishas. Después debe aplicarse el maquillaje por su cuenta. En ocasiones una maiko en la fase final de su aprendizaje puede decidir teñir sus dientes de negro, una tradición conocida en Japón como ohaguro. Esta costumbre era habitual en las mujeres casadas de Japón y, anteriormente, en la corte imperial, pero hoy en día sobrevive solo en algunos distritos. Para las geishas sobre treinta años, el maquillaje blanco es utilizado solo en bailes especiales que lo requieren.

Vale decir que el maquillaje varía levemente por distrito o también por el gusto de la geisha. Una geisha o maiko necesita vestir una determinada ropa interior antes de ponerse el kimono.

No visten la ropa interior occidental, sino que llevan unas cintas largas de color blanco alrededor del pecho y de las caderas. Es difícil acostumbrarse a ir al servicio con estas prendas. Encima de ellas, se pone una prenda de algodón con la forma del cuello del kimono, que llega aproximadamente por las rodillas.

Sobre esta prenda, se pone el nagajuban. El nagajuban, para las maiko, siempre es de color rojo y puede tener estampados florales. Estos estampados pueden ser de color blanco, o dorado para las ocasiones especiales.

Los estampados son también florales. El kimono se confecciona a partir de un tan, que es una medida tradicional japonesa que consta de 37cm de ancho y 12 metros de largo. En el caso del kimono de una geisha o maiko, se debe confeccionar a partir de dos tan. Sobre esta se lleva el nagajuban enagua cuya tela se ve por debajo del kimono y tiene color rojo para la maiko o rosa para la geiko. Sobre esta prenda va el kimono que luego se sujeta por un cordón llamado datejime.

Sobre este se sujeta el obi, a su vez sujeto por un cordón llamado Obijime. Las geishas siempre utilizan kimono. Las aprendices de geisha llevan coloridos kimonos con extravagantes obi. También es importante destacar la longitud de las mangas. Las aprendices maiko utilizan furisode de mangas que llegan casi hasta el suelo.

En invierno, las geishas pueden ser vistas llevando un haori abrigo adornado con seda pintada sobre su kimono. Los kimonos forrados son usados durante estaciones frías, y los ligeros o de gasa de seda durante el verano.

La geisha utiliza sandalias de suela baja de madera y laca, llamadas zori y en interiores llevan sólo tabi calcetines divididos en los dedos. En zonas nevadas las geishas utilizan zuecos de madera, llamados geta. Las maiko llevan altísimos zuecos negros, okobo. Los kimono de las maiko son muy coloridos, con diversos diseños de flores y paisajes. El nagajuban prenda que se lleva debajo del kimono es también muy colorido, debe llevarse a juego con el kimono y se lleva de color rojo.

Las furi son larguísimas; les llegan casi a los tobillos. En cambio, los kimono de las geiko son discretos, uniformes y con un estampado muy simple. Para poder vestir el kimono, las geishas y maiko necesitan ayuda de otra persona. Actualmente, suelen ser mujeres de mediana edad, aunque sigue habiendo hombres. Estos ayudantes se denominan otokosu. Se encargan de vestir a las geishas, ajustando el kimono y atando el obi.

Es uno de los pocos oficios que puede ejercer un hombre en el mundo de la Flor y el Sauce. Los otokosu suelen ser hijos de mujeres que trabajan en las okiya o hijos de antiguas geishas u okasan. Actualmente, sólo hay cinco en Kyoto. Los peinados de las geishas han ido variando a través de la historia. Durante el siglo VII , las mujeres comenzaron a usar siempre el cabello recogido nuevamente, y fue durante este tiempo que se adoptó el tradicional peinado shimada , un tipo de 'moño' usado por geishas experimentadas.

Es tradicional que en su erikae las maiko usen el Sakkou con una tira de pelo sobrante del moño ; durante el Gion Odori el Katsuyama el mes antes y el mes después; para su debut usan el Mishidashi; para Año Nuevo el Yakkoshimada.

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